PROYECTO FALCANI

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PROYECTO FALCANI

La explicación de la sangrienta guerra civil en la República Democrática del Congo que comenzó el 2 de agosto de 1998 tiene un sólo nombre: coltán. Este material ha despertado la codicia de los países vecinos y distintas facciones armadas han intentado tomar el control sobre su explotación. Ruanda en primer lugar, que tiene de hecho ocupada la región congoleña de Kivu, junto con Uganda, que controla a su vez buena parte del noroeste congoleño. El dinero que se obtiene de la venta del mineral financia las guerrillas. El ejército ruandés, con el pretexto de proteger a la población tutsi del Congo, invadió el país en 1998. En 1999, un acuerdo lo dividió en dos zonas, una controlada por el gobierno de Kinshasa y otra en manos de grupos ligados a Ruanda. Tanto Ruanda como Uganda han establecido alianzas comerciales de carácter estratégico y militar con las principales economías de occidente para traficar y procesar minerales del Congo. El ejército ruandés, por ejemplo, transporta el coltan hasta su país, donde se trata y purifica en la Somirwa ([Sociedad Minera de Ruanda), antes de ser exportado. Y desde ahí, lo envía para Europa. Su destino serán las potencias de occidente, principalmente Estados Unidos, Alemania, Holanda, Bélgica y Kazajstán, que también entra en el juego. En algunas zonas se han cancelado licencias para la explotación del coltan anteriormente concedidas a compañías norteamericanas, y se ha instituido el monopolio de la Sociedad Minera de los Grandes Lagos (Somigl), que es una sociedad integrada por Africom (belga), Prometo (ruandesa) y Congecom (Surafricana).

La ambición por el dominio del mercado del coltan también ha dividido a la propia sociedad congoleña: gobierno y guerrilla obtienen financiación de la comercialización legal o ilegal de este material. Ninguna de las partes está dispuesta a ceder ni un solo centímetro de terreno. Por ejemplo, Somigl entrega al movimiento rebelde RCD (Reagrupación Congoleña para la Democracia) 10 dólares por cada kilo de coltan, y lo revende a 300 dólares o más en Londres. Uno de sus mejores clientes es la compañía alemana Starck (subsidiaria del monopólio químico-farmacéutico Bayer), que produce el 50% del tántalo en polvo del mundo. Pero además es éste un espacio plagado de contrabandistas, porque la mayor cantidad del coltan sale de África de contrabando, aunque sus ganancias no vuelven como beneficio para el pueblo africano, sino en armas para los grupos rebeldes, que mantienen enmascarada la situación de inestabilidad en la región.

A través de los aeropuertos de Entebbe (Uganda) y Kigali (Ruanda), compañías aéreas como la belga Sabena se llevan el mineral y los aviones regresan con cargamentos de armas a cambio. Las principales potencias imperialistas tampoco quieren conceder tregua alguna. Ni siquiera las más pequeñas, simples intermediarias en el tráfico y en el procesamiento de los metales, como Bélgica y Holanda. Menos aún Alemania o Estados Unidos, los principales compradores de los metales tratados. Por eso el coltan vale más que el oro.

En este marco de inestabilidad, con los intereses de unos y otros alimentando este conflicto, el Profesor Rudolf Falcani ha desarrollado un método de tratamiento y separación del coltan revolucionario, Este Ingeniero y Geologo era el prospector jefe de la Kennecott Utah Copper Corporation la empresa encargada de la explotación de mineral de las minas de Gwalia.

El Proyecto Falcani multiplica por 8 los beneficios netos de la extracción del coltan, el único problema es que la mina de Gwalia es el frente de batalla de las milicias rebeldes y desde hace 2 meses nadie tiene contacto con los trabajadores de la Corporación.

Con tanto dinero en juego y con la estabilidad del mercado de electrónica mundial pendiendo de un hilo, la maquinaria se ha puesto en marcha, gobiernos, empresas privadas y traficantes del coltan quieren posar sus manos en el Proyecto Falcani.